Dios nos habla
Hech. 1,1-11: Con el testimonio veraz de Lucas, miramos y adoramos a Cristo que: “a la vista de ellos fue elevado al cielo”.
Sal 46: La alegría se desborda con el salmo: “Dios asciende entre aclamaciones; el Señor al son de trompetas”.
Ef. 1,17-23: San Pablo nos afirma: “Y sentándolo a su derecha en el cielo… todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia, como cabeza, sobre todo”.
Testimonio cristiano
Mat. 28,16-20: Ha llegado el momento de la despedida. El Evangelio presenta una escena esplendorosa: “Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. A verlo ellos se prostraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado, Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos”. Ante la Ascensión, Señor, me siento -como los Apóstoles- admirado y expectante, pero más comprometido con tu mensaje y tu Evangelio. Con la mirada en el cielo y la confianza más asegurada de tu presencia amorosa en mi corazón y de tu ayuda y bendición permanente; y al mismo tiempo más comprometido a ser tu apóstol y evangelizador en este mundo que me toca vivir. Que cuantos vean mi comportamiento en la vida ordinaria, y escuchen mis palabras de amigo y compañero leal y generoso, alegre y servicial, puedan decir: este lee y conoce la vida de Cristo. Precisamente, porque el ambiente social en la actualidad no es el mejor, te suplico, Señor, fortaleza, valentía y perseverancia en el bien, en el amor y en la verdad; y siempre con alegría y optimismo.
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