VI DOMINGO de PASCUA – A
Dios nos habla
Hech. 8, 5-8.14-17: Nosotros nos sentimos más seguros, como aquellos primeros conversos que: “Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo”
Sal 65: Con el salmo acogemos su invitación: “Aclamad al Señor, tierra entera”.
1Ped. 3,15-18: Siempre con el ejemplo de Cristo: “Es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal”.
Nunca la tibieza
Jn. 14,15-21: Sigue el discurso de despedida, y de últimos consejos: “Si me amáis guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”… … “No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él”.
Señor, Jesús, como los Apóstoles quiero vivir siempre a tu lado; sentirte cerca en las alegrías y en las penas, en los entusiasmos y en los desánimos y caídas; y también en las seguridades y en las dificultades. Sé que tu presencia está asegurada, Señor, sino pierdo la fe, y evito los pecados mortales, y lucho contra la tibieza y mediocridad. Por eso quiero ser más consciente de tu amor, presente en mi corazón, para sentirme mas feliz y apostólico, más seguro y generosamente comprometido. Ayúdame a no perderte por el pecado o la tibieza. Que no deje mi oración de cada día y mi comunión en cada Misa, y tampoco me olvida acudir con frecuencia al Sacramento de la Confesión, del perdón, de la alegría y de la misericordia.
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