ALTAVOZ PARROQUIAL SEMANAL
Para los que quieren pensar, rezar,
informarse y formarse como cristianos;
y mirar siempre el futuro con alegría y esperanza.
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XXI DOMINGO, TIEMPO ORDINARIO – A
Dios nos habla
Is. 22,19-23: La justicia de Dios es irrevocable: “Pongo sobre sus hombros la llave del palacio de David”.Sal. 137: Con total confianza rezamos: “Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos”.
Rom.11,33-36: Con Pablo reconocemos la inmensidad de Dios: “Porque de él, por él y para él existe todo. A él la gloria por los siglos. Amén”.
También ahora, Señor, son muy variadas las opiniones sobre tu persona y tu mensaje, pues parece que todos, creyentes o no, sabios o menos cultos, bien intencionados o mal pensantes, se atreven a opinar sobre Ti. Danos sentido común, prudencia sabia y visión sobrenatural, para no dejarnos llevar de las opiniones o teorías, tan subjetivas como equivocadas, tan ignorantes y atrevidas como retorcidas e interesadas. Con San Pedro nos reafirmamos en el convencimiento, histórico y racional, sobre tu personalidad humana y divina, y nos acogemos a la fe profunda y firme, gozosamente comprometida con el Bien y la Verdad, para decirte, una vez más: “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. Para mantener más viva y gozosamente operativa esta vivencia cristiana nos dejaste la Iglesia, dirigida por Pedro y los Apóstoles, y ahora por el Papa León, los Obispos y los Sacerdotes. Te pedimos por ellos, para que nunca nos faltan estos, tus ministros, y para que sean santos y nos animen a seguirte más fielmente.
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LOS SANTOS DE LA SEMANA, NUESTROS AMIGOS (23-30/VIII/2026)
Religiosa ejemplar
Esta semana destacamos una santa española, conocida y sin duda muy reconocida por la sociedad. ¿A quién no les suena: Las Hermanitas de los ancianos desamparados, y su gran labor social, acogiendo y atendiendo a los ancianos más necesitados? Pues esta institución fue fundada por Santa Teresa
de Jesús Jornet e Ivars (1843-1827). Su categoría humana y su gran corazón para servir a los más necesitados, en concreto a los más ancianos, solos y abandonados, alimentada por la devoción a la Virgen, y apoyada por la Eucaristía, siempre presente en el Sagrario, son las raíces que dan vida a esta mujer y a la institución que fundaría, y que sigue sirviendo a la sociedad con el mismo espíritu cristiano. (Remito a este enlace para conocerla más a fondo). Su fiesta es el miércoles, 26/VIII.
Madre e hijo, santos
El jueves 27 y el viernes, 28/VIII, celebramos dos santos muy importantes, que necesariamente van unidos, Santa Mónica y su hijo San Agustín, que viven en el siglo IV. Mutuamente se apoyan para elevar su santidad y convertirse en grandes luceros que iluminan y engrandecen el s antoral de la Iglesia. Santa Mónica, excelente esposa y madre cristiana, que con su bondad y sus oraciones consigue que su marido también se encauce por la vida cristiana. En cuanto a sus tres hijos les procura la mejor educación, aunque en Agustín encuentra un fuerte rechazo,
pues su inteligencia, y su soberbia le llevan a buscar la verdad y la felicidad -y el sentido de la vida- por caminos equivocados, donde no encuentra otra cosa que placeres materiales, y aplausos humanos, que sin duda los merecía por su gran inteligencia y buen hacer profesional, pero que no le dan la paz y la alegría que él anhelaba.
Pero el ejemplo y los consejos de su madre, y sobre todo las oraciones, le hacen pensar y cambiar de rumbo a su vida. Él mismo manifiesta, que con todas sus fuerzas y cualidades humanas buscaba la verdad fuera de sí, como un enloquecido avariento y desenfrenado, cuando la verdadera felicidad estaba en su corazón, al acoger el amor de Dios. Acepta la fe cristiana, y se hace sacerdote, y luego obispo, dejando una estela de santidad ejemplar con su sacerdocio y episcopado, con sus múltiples escritos, en definitiva, con el testimonio de su vida, que le convierten en un gran líder cristiano y una fuente de ciencia y amor de Dios. Esto es, un gran Padre de la Iglesia, merecedor de ser leído, querido y seguido.
Su madre muere feliz y acompañada de su hijo, cristiano y obispo, y por supuesto dejando un excelente modelo de esposa y madre, y una eficaz intercesora y amiga para todas familias; y en su hijo nos muestra un magnífico y venerable maestro, y un amigo cercano para todos los que conocen su vida y sus escritos, que siguen siendo como un pozo sin fondo para todo el que desea ahondar en la verdad, el bien y la felicidad en la vida. Es muy significativa y elocuente su frase: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Ti”. (Me parece obligado también recomendar conocer un poco más su vida, y este enlace puede facilitarlo).










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