NINGÚN HOGAR CRISTIANO SIN EL BELÉN
Todos los años solemos aconsejar que no debe haber ningún hogar cristiano sin el Belén familiar, y que además se instale en todos lugares donde sea posible: comercios, colegios o centros sociales. Es además un modo de evangelizar y hacer apostolado con algo tan entrañable y pedagógico para todos.En el año 2019 el Papa Francisco nos sorprendió con una Carta Apostólica sobre la importancia de los nacimientos en los hogares y en todos los lugares posibles. Ofrecemos aquí algunas ideas de este documento. (Es muy aconsejable su lectura completa, que puedes encontrar en este enlace).
Se pregunta el Papa:
De modo particular, el pesebre es desde su origen franciscano una invitación a “sentir”, a “tocar” la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación.
Y así, es implícitamente una llamada a seguirlo en el camino de la humildad, de la pobreza, del despojo, que desde la gruta de Belén, conduce hasta la Cruz. Es una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados.
¿Qué elementos no deben faltar en el Belén, y qué significan?
1- El cielo estrellado en la oscuridad y el silencio de la noche.2- Las casas pobres y humildes y los palacios antiguos.
3- Las montañas, los riachuelos, las ovejas y los pastores.
4- Figuras simbólicas: los pobres, mendigos.
Son los más humildes y los más pobres quienes saben acoger el acontecimiento de la Encarnación. A Dios que viene a nuestro encuentro en el Niño Jesús, los pastores responden poniéndose en camino hacia Él, para un encuentro de amor y agradable asombro.
Este encuentro entre Dios y sus hijos, gracias a Jesús, es el que da la vida precisamente a nuestra religión y constituye su singular belleza, y resplandece de manera particular en el pesebre.
5- El Palacio de Herodes.
Del pastor al herrero, del panadero a los músicos, de las mujeres que llevan agua a los niños que juegan, de las profesiones antiguas a las modernas industrias … … , todo esto representa la santidad cotidiana, la alegría de hacer de manera extraordinaria las cosas de todos los días, cuando Jesús comparte con nosotros su vida divina.
7- Los reyes magos.
8- La GRUTA, donde encontramos las figuras de María y de José.
María es una madre que contempla a su hijo, y lo muestra a cuantos vienen a visitarlo. Su imagen hace pensar en el gran misterio que ha envuelto a esta joven cuando Dios ha llamado a la puerta de su corazón inmaculado. Ante el anuncio del ángel, que le pedía que fuera la madre de Dios, María respondió con obediencia plena y total. Sus palabras “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38), son para nosotros el testimonio del abandono en la fe a la voluntad de Dios.
José está en una actitud de protección del Niño y de su madre. Él fue el primer educador de Jesús, niño y adolescente. José llevaba en su corazón el gran misterio que envolvía a Jesús y a María, su esposa, y como hombre justo confió siempre en la voluntad de Dios y la puso en práctica.
9- Y en la gruta la imagen del NIÑO JESÚS.
Dios se presenta así en un niño, para ser recibido en nuestros brazos. En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma.
El modo de actuar de Dios casi aturde, porque parece imposible que Él renuncie a su gloria para hacerse hombre como nosotros. El pesebre, mientras nos muestra a Dios tal y como ha venido al mundo, nos invita a pensar en nuestra vida injertada en la de Dios; nos invita a ser discípulos suyos si queremos alcanzar el sentido último de la vida.






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